Ginebra, 7 de abril 2026
La Asociación Internacional de Derechos Humanos y Desarrollo Social (AIDHDES) expresa su más enérgica condena ante la gravísima escalada verbal, política y militar impulsada por Washington en articulación con Tel Aviv contra la República Islámica de Irán. Las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, en las que amenaza con que “toda una civilización morirá esta noche” y plantea incluso un “cambio de régimen completo y total”, no constituyen una excentricidad retórica aislada: son la verbalización descarnada de una lógica imperial de exterminio, castigo colectivo y dominación geopolítica que viola frontalmente los principios más elementales del derecho internacional contemporáneo.

A ello se suma la continuación de operaciones militares contra Irán y la profundización de ataques contra infraestructura crítica y civil, en un contexto donde diversos actores internacionales ya advierten sobre la extrema peligrosidad de esta deriva. Irán ha denunciado ante las Naciones Unidas que Estados Unidos e Israel han cruzado “todas las líneas rojas jurídicas, morales y humanitarias”, mientras el secretario general de la ONU ha manifestado su profunda preocupación por declaraciones que sugieren que un pueblo entero o una civilización completa podrían pagar las consecuencias de decisiones político-militares. Incluso en Washington, congresistas demócratas han calificado esas amenazas como aberrantes, moral y jurídicamente inadmisibles exigiendo respuestas institucionales inmediatas frente a una guerra que describen como devastadora e ilegal.
AIDHDES advierte que lo que está en juego no es únicamente el destino de Irán. Lo que se pretende normalizar es un modelo de relaciones internacionales basado en la prerrogativa colonialista de decidir qué pueblos pueden desarrollarse, qué Estados pueden ejercer control sobre sus recursos estratégicos y cuáles deben ser sometidos por la fuerza cuando se resisten a la arquitectura de poder atlántica. El estrecho de Ormuz, las rutas energéticas, la infraestructura logística y la estabilidad regional aparecen aquí no como cuestiones abstractas, sino como piezas de una disputa mayor por la hegemonía mundial. Por eso Pakistán ha pedido ampliar el plazo para la diplomacia, mientras Teherán insiste en que una tregua puramente táctica solo serviría para rearmar a sus agresores y facilitar nuevos crímenes.
El derecho internacional es inequívoco. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, y obliga a resolver las controversias por medios pacíficos. Las amenazas públicas de devastación contra una población, los llamados al derrocamiento de un gobierno soberano y los ataques contra infraestructura indispensable para la vida civil no son instrumentos legítimos de presión política: son actos que erosionan la prohibición cardinal del uso de la fuerza y alimentan un patrón de agresión incompatible con el sistema internacional surgido tras la derrota del fascismo. La doctrina de la “seguridad” invocada por las potencias occidentales no puede servir de coartada para la destrucción de pueblos enteros ni para la reingeniería colonial de Estados insumisos.
AIDHDES rechaza igualmente y de forma categórica toda deshumanización del pueblo iraní. Calificar a los iraníes con lenguaje animalizante o presentar a una nación milenaria como un objetivo susceptible de ser disciplinado mediante el terror constituye una deriva racista, supremacista y potencialmente genocida. Esa gramática política no surge del vacío: pertenece a una tradición colonial que históricamente ha intentado justificar bloqueos, invasiones, sanciones, ocupaciones y guerras de saqueo representando a los pueblos del Sur como inferiores, irracionales o prescindibles. Frente a ello, reivindicamos el principio de igualdad soberana de los Estados, la dignidad irreductible de los pueblos y el derecho de las naciones a existir fuera de la tutela militar, financiera e ideológica del capital transnacional.
La escalada actual revela una crisis profunda del orden internacional. Cuando un miembro permanente del Consejo de Seguridad amenaza con aniquilar a una civilización y simultáneamente se reserva el papel de juez, parte y ejecutor, lo que entra en crisis es la propia credibilidad del sistema de seguridad colectiva. No estamos ante un exceso verbal; estamos ante una manifestación desnuda del unilateralismo armado, del excepcionalismo imperial y de la instrumentalización selectiva de los derechos humanos para castigar adversarios y absolver aliados. El resultado previsible es la expansión de la guerra, el encarecimiento energético, la radicalización regional y una mayor fractura del ya erosionado orden multilateral.
Por todo ello, AIDHDES exige el cese inmediato de las operaciones militares contra Irán, el abandono de toda amenaza de aniquilación o cambio de régimen, el respeto irrestricto a la soberanía iraní y la activación urgente de mecanismos diplomáticos reales, no subordinados a ultimátums militares ni a chantajes energéticos. Exigimos asimismo que la comunidad internacional, en particular las Naciones Unidas, actúe con firmeza frente a todo ataque contra infraestructura civil y frente a toda declaración que incite a la devastación de un pueblo poniendo fin también al doble rasero que suelen manejar los mecanismos del organismo internacional. El silencio ante estas amenazas no sería neutralidad: sería complicidad.
AIDHDES alerta que la paz no puede construirse sobre la humillación colonial de los pueblos ni sobre la violencia estructural del capitalismo de guerra. Defender a Irán hoy, en términos de derecho internacional y de principios civilizatorios, es defender la vigencia misma de la Carta de la ONU, la soberanía de los Estados, la memoria antifascista de la humanidad y la posibilidad de un mundo verdaderamente multipolar, justo y descolonizado. La humanidad no necesita más ultimátums colonialistas y corporativistas; necesita legalidad, autodeterminación y paz con dignidad.

