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Cuando el podio se tiñe de geopolítica: la exclusión deportiva de Rusia y el silencio de la Carta Olímpica

GINEBRA

Un pasaporte ruso, iraní, cubano, colombiano o venezolano no debería ser una condena. En una entrevista exclusiva con RT France, nuestro consultor de derechos humanos desnuda la ilegalidad de la exclusión deportiva de Rusia. ¿Qué ocurre cuando el deporte deja de ser justo y se convierte en arma de guerra? La respuesta te hará cuestionar cada podio que has aplaudido.

Ginebra, 13 de agosto 2026

Ginebra, la capital simbólica de los derechos humanos, fue el escenario desde donde nuestro consultor externo en DDHH en diálogo directo con RT France, habló como quien conoce de cerca el sudor de los entrenamientos de cuatro o cinco horas diarias, como quien ha llevado sobre sus hombros la esperanza de una selección y como quien, desde la frialdad del derecho internacional, observa con indignación contenida, cómo el deporte mundial ha sido secuestrado por intereses que nada tienen que ver con los aros, la pista o el tatami.

La pregunta que abría la entrevista era incómoda, pero necesaria: ¿es la decisión del consulado croata —negando visados a atletas rusos— una de las últimas cartas de quienes apostaron por la marginalización de una potencia deportiva? La respuesta de nuestro consultor fue contundente, pero jurídicamente impecable. El Comité Olímpico Internacional (CIO), afirmó, simplemente violó su propia Carta. El artículo 4 de ese documento, que debería ser la biblia del olimpismo, establece que todo individuo tiene derecho a practicar el deporte sin discriminación alguna. La suspensión del Comité Olímpico Ruso, por tanto, carecía de fundamento jurídico deportivo. No se sustentaba en dopaje, en fraude ni en violación de normas técnicas. Se sustentaba en sanciones políticas, unilaterales, dictadas al margen de cualquier marco onusiano.

Y ahí es donde el análisis deja de ser meramente deportivo para convertirse en un espejo de la arquitectura de poder del mundo contemporáneo.

Entrevista con RT FRANCE

El neocolonialismo viste de corto

La exclusión de Rusia no es un episodio aislado. Es la materialización de una política de bloqueo que varios países occidentales instrumentaron con fines geopolíticos, utilizando al deporte como arma de presión. Pero la historia, como suele ocurrir cuando se confunde la arrogancia con la estrategia, les ha jugado una mala pasada. Los actores del mundo deportivo —desde federaciones hasta aficionados— comienzan a echar de menos la presencia rusa. No por sentimentalismo, sino por una razón brutalmente simple: sin Rusia, las competiciones pierden legitimidad, así como las perderían sin otras potencias como los EEUU o China.

Nuestro consultor, con la autoridad de quien ha competido a alto nivel en el deporte, lo expresó con crudeza honesta. Para un deportista, que sacrifica años de su vida en busca de un objetivo, resulta profundamente frustrante ver cómo su destino es condenado por intereses que no representan a las poblaciones. La frustración no es solo rusa. Es universal. Es la del karateca que sabe que el campeonato no es completo sin los grandes exponentes de esa disciplina en Rusia. Es la del futbolista que entiende que una Copa del Mundo sin una selección histórica deja de ser un certamen verdadero. Es, en última instancia, la del espectador global que empieza a percibir que detrás del espectáculo hay una maquinaria de manipulación cuyos engranajes no giran en beneficio de los pueblos.

La FIFA, incluso, ha comenzado a presionar por la levantamiento de la suspensión rusa en medio de una dirección que también está bien politizada como se pudo ver en el último mundial de futbol 2026. ¿No es eso, precisamente, la evidencia más contundente del fracaso de una política que pretendió usar el balón como proyectil?

El pasaporte como condena

Quizás una de las frases más duras de la entrevista y a la vez más reveladoras, fue aquella en la que nuestro consultor denunció la lógica discriminatoria que hoy impera en el deporte internacional: «Sanctionner un pays simplemente par le fait d’avoir un passeport russe ou iranien ou vénézuélien ou autre, un, c’est dégueulasse, et de deux, ça n’a pas de crédibilité sur la population». Traducido al lenguaje del derecho internacional: se está criminalizando la nacionalidad. Se está estableciendo un apartheid deportivo donde el origen determina la participación.

Esta práctica, lejos de fortalecer al deporte, lo corroe. Porque cuando el podio se construye sobre la exclusión, deja de ser un podio. Se convierte en una tarima de propaganda. Y las poblaciones, cada vez más despiertas frente a los mecanismos de dominación mediática y corporativa, lo perciben. Saben que detrás de estas exclusiones hay una cantidad de intereses que no van en beneficio de los pueblos, sino de quienes ven en el deporte una extensión de sus guerras híbridas.

La hora de la verdad

¿Volverá Rusia pronto a los Juegos Olímpicos, a los Mundiales de fútbol, a las grandes citas del deporte planetario? nuestro consultor no se atrevió a fijar una fecha, mas si dejó algo claro: la reintegración es inevitable. No por concesión magnánima de Occidente, sino por una ley del mercado y de la credibilidad que ni el CIO ni la FIFA pueden eludir eternamente. Si la gente deja de mirar, si los espectadores apagan la televisión, si los atletas de otras naciones comienzan a cuestionar la legitimidad de sus propias medallas ganadas en competiciones mutiladas, el castillo se derrumba.

Y cuando eso ocurra, cuando la bandera rusa vuelva a ondear en una ceremonia inaugural, no será solo una victoria deportiva. Será la demostración de que los pueblos, aunque lentamente, están aprendiendo a desmontar las estructuras de dominación que pretenden colonizar hasta el último rincón de la vida humana, incluido el terreno de juego. Hay que dejarlo claro. Esto no es una cuestión de Rusia. Si esto le pasa a un país tan importante en el deporte, le podrá suceder a cualquier otro sin razón justa.

Desde RT France, esta entrevista no fue solo un análisis. Fue un recordatorio. El deporte, cuando es limpio y bien aplicado, es lo más bello y justo que existe. Pero cuando es secuestrado por políticos y corporaciones, se convierte en lo opuesto: en una herramienta de injusticia. La tarea de quienes creemos en un mundo multipolar, soberano y descolonizado es no dejar que ese secuestro pase desapercibido.

Porque al final, como dijo el propio entrevistado, la evolución del deporte viene de todos los países. Y una nación como Rusia, con su tradición, su grandeza y su pueblo, no puede estar ausente mucho más tiempo. El reloj de la historia ya está corriendo. Y esta vez, el tiempo no juega a favor de quienes impusieron el bloqueo.

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