Ginebra, 15 de marzo 2026
El viernes 13 de marzo de 2026, en el marco del 61° período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDH) celebrado en Ginebra (CH), se llevó a cabo un Diálogo Interactivo sobre la situación en la República Bolivariana de Venezuela. Este tipo de debates forma parte del funcionamiento regular del Consejo, órgano intergubernamental de la ONU encargado de promover y proteger los derechos humanos a nivel global.
Sin embargo, el intercambio diplomático evidenció nuevamente una profunda politización del sistema internacional de derechos humanos, una tendencia que diversos analistas consideran cada vez más visible en el seno de los mecanismos multilaterales.
Un debate marcado por la polarización internacional
Durante el diálogo, varios Estados reiteraron críticas contra la situación interna venezolana. No obstante, llamó la atención que algunas delegaciones evitaran condenar el ataque militar ocurrido el 3 de enero de 2026 contra Caracas, operación atribuida a los Estados Unidos que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Este silencio resulta particularmente relevante desde la perspectiva del derecho internacional público, dado que la Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, salvo en circunstancias muy específicas como la legítima defensa o una autorización explícita del Consejo de Seguridad.
El hecho de que un acontecimiento de esta naturaleza haya recibido una respuesta desigual en el Consejo pone de relieve la tensión creciente entre los principios jurídicos universales y los intereses geopolíticos de los Estados.
La retórica política y la influencia de redes transnacionales de poder
En varios discursos, observadores presentes en la sala señalaron la repetición de narrativas políticas similares a las promovidas por determinados sectores internacionales, frecuentemente asociados a redes de influencia financiera y mediática que operan en el ámbito global.
En el debate contemporáneo, estos sectores suelen ser descritos como “globalistas”: actores políticos, económicos y mediáticos que promueven una visión de gobernanza global basada en estructuras de poder transnacionales, en las que grandes corporaciones, fundaciones privadas y redes financieras ejercen una influencia significativa sobre las agendas políticas y comunicacionales internacionales.
Críticos de esta tendencia sostienen que dichas redes contribuyen a homogeneizar discursos políticos y mediáticos, lo que puede generar fenómenos de desinformación o simplificación extrema de contextos complejos, especialmente en temas geopolíticos sensibles.
Un episodio polémico dentro del Consejo
El nivel de tensión política se reflejó también en un episodio que generó comentarios entre delegados y observadores.
Durante la sesión sobre Venezuela, una organización no gubernamental ingresó a varias personas europeas disfrazadas de prisioneros, quienes desfilaron por los pasillos del Consejo como parte de una acción simbólica destinada a llamar la atención mediática sobre la situación venezolana.
El gesto fue interpretado por algunos participantes como una puesta en escena de carácter político, especialmente por haberse producido en plena sesión del Consejo.
La polémica se amplificó debido a la participación de medios de comunicación internacionales —entre ellos la cadena alemana ARD— que realizaban tomas de la acción durante la plenaria. Para varios observadores diplomáticos y ONGs, el episodio planteó interrogantes sobre la coherencia en la aplicación de las normas internas del Consejo, ya que en ocasiones anteriores gestos políticos mucho más discretos —como portar una bufanda palestina o un adhesivo con el mensaje “Free Palestine”— han sido suficientes para que participantes fueran retirados de la sala.
El desafío de preservar la credibilidad del multilateralismo
El Consejo de Derechos Humanos fue concebido como un espacio para examinar de manera imparcial las violaciones de derechos humanos en todo el mundo. No obstante, el debate sobre Venezuela durante esta sesión puso de manifiesto un desafío estructural: la dificultad de separar el análisis jurídico de las dinámicas geopolíticas que atraviesan el sistema internacional.
Para numerosos analistas, preservar la legitimidad del Consejo exige reafirmar el principio de universalidad del derecho internacional, evitando que los mecanismos multilaterales se conviertan en instrumentos de confrontación política.
En un momento en el que el orden internacional enfrenta profundas transformaciones, el respeto a la Carta de las Naciones Unidas, al derecho internacional y al multilateralismo genuino continúa siendo un elemento central para mantener la estabilidad del sistema global.

