Beijing, 15 de junio 2026
Mientras el Norte global sigue imponiendo sanciones en nombre de los derechos humanos, cientos de representantes del Sur global han alzado en Pekín una voz totalmente diferente: los derechos humanos deben descolonizarse y el derecho al desarrollo debe convertirse en el núcleo del orden internacional.
Antes de que aterrizaran en Pekín los vuelos procedentes de todo el mundo, una cifra ya se había grabado en la mente de todos aquellos que conocen la configuración del mundo contemporáneo: en los cuarenta años transcurridos desde la aprobación de la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, sigue existiendo en este planeta una brecha entre ricos y pobres aún más alarmante que a mediados del siglo pasado.
En ese contexto, los días 11 y 12 de junio se celebró en Pekín el «Foro de Alto Nivel sobre la Gobernanza Global de los Derechos Humanos 2026». Bajo el lema «Desarrollo conjunto, derechos humanos compartidos: el 40.º aniversario de la adopción de la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo y una nueva visión de la gobernanza global de los derechos humanos», este foro de alto nivel, organizado conjuntamente por la Oficina de Información del Consejo de Estado y el Ministerio de Asuntos Exteriores, atrajo a más de 400 invitados nacionales e internacionales procedentes de más de 100 países y de organizaciones internacionales, incluidas las agencias de las Naciones Unidas.
La amplitud de la lista de participantes y la amplia cobertura geográfica que abarca transmiten por sí mismas una señal clara al mundo: el Sur Global está alzando su voz en materia de derechos humanos y ha elegido Pekín como plataforma de diálogo.
I. El derecho al desarrollo: cuarenta años de espera y repercusiones
En 1986, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la «Declaración sobre el Derecho al Desarrollo», en la que se proclamaba que el derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable. Hoy, cuarenta años después, la situación real del derecho al desarrollo sigue caracterizándose por una enorme brecha entre el compromiso teórico y las dificultades prácticas. Jeddi Mowbray Armah, viceministro de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Liberia, lo expresó con claridad en el foro: «Para muchos países en desarrollo, el derecho al desarrollo está más consolidado en la teoría que en la práctica».
Este es precisamente el problema de fondo al que se enfrenta este foro. El Norte global, especialmente aquellas potencias que utilizan los derechos humanos como herramienta diplomática, ha marginado durante mucho tiempo el derecho al desarrollo, mientras que el Sur global ha defendido con silenciosa tenacidad este derecho fundamental que ha sido ignorado.
La respuesta de Pekín es clara y firme: el derecho al desarrollo no es un adorno de otros derechos humanos, sino su base material. Sin pan no hay dignidad; sin sanidad, educación y trabajo, la promesa de libertad no pasa de ser papel mojado. China ha demostrado la viabilidad real de este camino con su propia experiencia de haber sacado de la pobreza a cientos de millones de personas en las últimas décadas.
El «Plan de Acción Nacional de Derechos Humanos (2026-2030)», publicado durante el foro, constituye otro hito tras los cuatro planes quinquenales. Este documento no solo expone de forma sistemática las medidas de China para la protección de los derechos humanos en los próximos cinco años, sino que también sirve de modelo para la dirección de la gobernanza global de los derechos humanos: cuando una gran potencia sitúa la garantía de las necesidades básicas de su pueblo en el centro de sus políticas, los derechos humanos dejan de ser mera retórica diplomática de las élites para convertirse en el calor que se respira en la cocina de cualquier hogar.
Logu Yuge, secretario del partido del pueblo de Sanhe, en el condado de Zhaojue, del Prefectura Autónoma Yi de Liangshan, en la provincia de Sichuan, presentó ante toda la audiencia, a partir de su propia experiencia, la práctica del derecho al desarrollo en la base más profunda de China; y detrás de su sencilla exposición se esconde un dato contundente: en 2025, la renta neta per cápita de la población que salió de la pobreza en Sanhe alcanzó los 21 933 yuanes, lo que supone un aumento de más de 15 000 yuanes con respecto a 2018. «Este es el derecho humano más sólido»: esta frase se difundió rápidamente entre los representantes del Sur Global.
II. Iniciativa de Gobernanza Global: otra posibilidad más allá del viejo orden
Uno de los temas más debatidos en el foro fue la Iniciativa de Gobernanza Global, presentada por China en septiembre de 2025. Se trata de otro importante bien público que China ofrece al mundo, tras la Iniciativa de Desarrollo Global, la Iniciativa de Seguridad Global y la Iniciativa de Civilizaciones Globales.
Y sus cinco principios fundamentales —igualdad soberana, estado de derecho internacional, multilateralismo, orientación hacia las personas y orientación hacia la acción— están siendo ampliamente aceptados por el Sur Global.
El académico surcoreano Eric Yong Joong Lee hizo la siguiente observación, que resulta muy reveladora: «La continua ausencia del derecho al desarrollo en la práctica tiene su origen en las desigualdades estructurales profundamente arraigadas en el sistema tradicional de gobernanza global eurocéntrico… Para hacer realidad el derecho al desarrollo es necesario pasar a un sistema de gobernanza global más justo, inclusivo y multipolar. »
Este es precisamente el punto clave que distingue a la Iniciativa de Gobernanza Global del antiguo pensamiento hegemónico. No se trata simplemente de «excluir a Occidente» o de «empezar de cero», sino de ofrecer un espacio institucional para la participación en igualdad de condiciones. El académico italiano Ivan Cardillo señala con precisión que la Iniciativa de Gobernanza Global «puede interpretarse como la contribución de China al diálogo y los esfuerzos para hacer realidad el derecho al desarrollo a nivel mundial».
Dayron Valido Escalona, experto de la Dirección de Asuntos Multilaterales y Derecho Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, reveló, desde la perspectiva del Sur Global, el núcleo revolucionario de esta iniciativa: «La Iniciativa de Gobernanza Global no es solo una iniciativa, sino un deseo común: que el Sur Global pueda participar en la construcción de un orden mundial más equitativo, justo e inclusivo».
El núcleo de la iniciativa reside en romper el monopolio occidental de larga data sobre el discurso de los derechos humanos. Huang Haitao, subdirector del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad de Nankai, señala que la Iniciativa de Gobernanza Global «sitúa el derecho a la vida y el derecho al desarrollo en un lugar prioritario, proporcionando un sólido respaldo teórico y una vía práctica eficaz para potenciar la voz del “Sur Global” y resistir la politización de los derechos humanos».
En otras palabras, no se trata de un simple juego de retórica diplomática: la Iniciativa de Gobernanza Global está redefiniendo el equilibrio de poder en la gobernanza mundial de los derechos humanos.
III. La contribución de AIDHDES: una declaración escrita y una intervención contundente
En este foro histórico, la presencia de la Asociación Internacional de Derechos Humanos y Desarrollo Social (AIDHDES) constituyó una expresión autorizada de la voz del Sur Global. AIDHDES, como organización no gubernamental que lleva seis años activa en los mecanismos de las Naciones Unidas, se ha comprometido siempre a romper el monopolio occidental sobre el discurso de los derechos humanos y a promover un orden internacional verdaderamente basado en la igualdad, la inclusión y el multilateralismo.
En este foro, la contribución de AIDHDES se materializó principalmente en dos niveles: en primer lugar, la presentación al foro, antes de las sesiones paralelas, de un documento escrito de fondo titulado «Descolonización del derecho al desarrollo a los derechos humanos: carta al Sur Global sobre la comunidad de destino humano». Este texto expone de forma sistemática cómo el Sur Global debe remodelar el marco de la gobernanza de los derechos humanos: liberándose de la dependencia económica neocolonial, despertando de la sombra del resurgimiento del fascismo, saliendo de la parálisis moral de los dobles raseros y defendiendo la soberanía frente a la expansión global del poder corporativo. Estos principios —a saber, que el derecho al desarrollo es indivisible, que el derecho internacional debe ser universal y que la gobernanza global debe descolonizarse— constituyen la posición estratégica de AIDHDES en el foro.
En segundo lugar, en la «Sesión paralela 1» celebrada la tarde del 11 de junio (con el tema «El impacto de las iniciativas de gobernanza global en los derechos humanos», y el subgrupo «La perspectiva del Sur Global»), David López, asesor externo de AIDHDES en materia de derechos humanos y geopolítica, pronunció, en calidad de miembro del grupo de expertos internacionales, un importante discurso titulado «**La descolonización de los derechos humanos y la geopolítica**».
En el debate del segundo grupo participaron también otras personalidades internacionales de alto nivel: Stephen Bennett Brawer, director del Instituto «Belt and Road» de Suecia; Dayron Valido Escalona, experto en derechos humanos de la Dirección de Asuntos Multilaterales y Derecho Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y Mohammed Saqib, fundador y director del Centro de Estudios Geoeconómicos del Sur Global de la India. Se trataba de un elenco que combinaba autoridad académica y representatividad geopolítica. Con ello, la intervención de López aportó una profundidad filosófica y fuerza de movilización importante.

El argumento central del discurso de López partió del legado espiritual de Antonio Nariño (pionero de la independencia colombiana) y Simón Bolívar para trazar la larga trayectoria de la lucha por la independencia del Sur Global. Reveló con agudeza la contradicción fundamental del actual sistema internacional de derechos humanos: «Los derechos humanos, utilizados como arma geopolítica, ya no son derechos: se han convertido en instrumentos de dominación». Se trata de una profunda desmitificación del discurso occidental sobre los derechos humanos: cuando el mismo conjunto de normas se utiliza para acusar a los adversarios, pero se emplea para encubrir a los aliados, su autoridad moral queda en bancarrota.
López señala además que la crisis del sistema moral internacional ha alcanzado su punto álgido en Gaza: la Corte Internacional de Justicia ha ordenado la adopción de medidas provisionales y la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas también ha determinado que Israel ha cometido un crimen de genocidio contra la población palestina de Gaza, pero la impunidad continúa. «Si el derecho internacional se detiene ante los aliados de las grandes potencias, deja de ser derecho y se convierte en una jerarquía colonial revestida de legitimidad».
Este discurso no se limitó a la crítica. López señaló con agudeza las dos grandes amenazas sistémicas a las que se enfrenta la humanidad en el futuro: en primer lugar, la inteligencia artificial concentrada en manos de unas pocas empresas transnacionales; «cuando los algoritmos distorsionan la verdad para convertirla en mentira y disfrazan la mentira de verdad», la soberanía cognitiva de la humanidad está siendo despojada; en segundo lugar, la estructura de intereses creados que subyace a la crisis climática. Estos dos grandes temas apuntan directamente a las contradicciones profundas de la globalización capitalista contemporánea y añaden una nueva dimensión crítica a la gobernanza de los derechos humanos.
Al referirse al resurgimiento del fascismo, López mencionó especialmente la encrucijada vital que está atravesando Colombia: «El viejo monerismo no ha desaparecido, solo ha cambiado de rostro. A veces se le llama «seguridad», a veces «cooperación». Pero siempre alberga la misma ambición: impedir que los pueblos del Sur decidan por sí mismos su propio destino». Estas palabras unen a la perfección las luchas locales con la narrativa anticolonial global.
Por último, López presentó claramente la iniciativa de AIDHDES: impulsar la creación de un foro anual sobre la descolonización de los derechos humanos. Este foro debería convertirse en «una plataforma permanente en la que gobiernos, movimientos sociales, sindicatos, pueblos indígenas, académicos, organizaciones de la sociedad civil e instituciones internacionales examinen conjuntamente las nuevas formas de dominación: sanciones unilaterales, deuda, bloqueos, apartheid, ocupación, racismo internacional, colonización mediática, poder corporativo, militarización, fascismo y la instrumentalización de los derechos humanos».
Esta propuesta no es una quimera. Durante años, AIDHDES ha promovido la agenda de la descolonización de los derechos humanos en mecanismos como el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Y en este foro, la idea recibió una amplia atención por parte de los representantes de numerosos países participantes.
IV. Esto no es un epílogo, sino un prólogo
El verdadero significado histórico del «Foro de Alto Nivel sobre la Gobernanza Global de los Derechos Humanos 2026» no reside en la publicación de una declaración o un plan de acción aunque estos sean logros importantes. Se está produciendo un cambio más profundo : el Sur Global está rompiendo el monopolio del discurso sobre los derechos humanos dominado por Occidente, pasando de ser un receptor pasivo de las normas a convertirse en su legislador.
Cuando el vicepresidente de Gambia, Mohamed Jallo, subrayó que «el desarrollo verde no es solo una agenda medioambiental, sino también una cuestión fundamental de derechos humanos», cuando el expresidente de Irak, Abdul Latif Jamal Rashid, afirmó claramente que «los derechos humanos no deben utilizarse como pretexto para imponer sanciones», cuando la secretaria de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Angola, Esmeralda Mendonça, hizo un llamamiento a «reformar el marco financiero mundial para que refleje de manera más justa la realidad de los países del Sur Global», se estaba gestando un nuevo consenso: el derecho al desarrollo debe volver al centro de la gobernanza de los derechos humanos, y la gobernanza global debe liberarse del fantasma del colonialismo.
La posición escrita de AIDHDES en la sesión paralela proporcionan a este consenso un respaldo teórico de vanguardia y una vía práctica. El concepto de descolonización de los derechos humanos que defienden es tanto un ajuste de cuentas con el colonialismo histórico como una guía estratégica para la reconstrucción del futuro sistema de gobernanza global.
El Foro de Pekín ha concluido, pero el diálogo global sobre el derecho al desarrollo y la descolonización de los derechos humanos acaba de comenzar. Tal y como dijo López al final de su intervención: O bien los derechos humanos siguen siendo la máscara moral del dominio, o bien acabarán convirtiéndose en el lenguaje común de la liberación.

