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Cuando los pueblos toman la palabra: Asia-Pacífico frente a la disputa por el futuro mundial

JINAN (CHN)

Invitada por su organización aliada en China, la China NGO Network for International Exchanges (CNIE), AIDHDES participó en Jinan en la Conferencia de la Sociedad Civil de Asia-Pacífico 2026, un encuentro que colocó la cooperación entre los pueblos, el derecho al desarrollo y la paz frente a las lógicas de hegemonía, confrontación y fragmentación internacional.

Jinan, China, 2 de septiembre de 2026. 

Hay conferencias que se limitan a describir el mundo y otras que permiten comprender la disputa por el mundo que viene. La apertura de la Conferencia de la Sociedad Civil de Asia-Pacífico 2026 perteneció a esta segunda categoría.

En un escenario internacional marcado por guerras, sanciones, proteccionismo, militarización y rivalidades entre grandes potencias, representantes políticos, parlamentarios y sociales de diferentes países se reunieron en la provincia china de Shandong para plantear una pregunta decisiva: ¿será Asia-Pacífico convertida en un nuevo campo de confrontación geopolítica o podrá consolidarse como una comunidad de cooperación, desarrollo compartido y respeto entre los pueblos?

AIDHDES participó como organización invitada de honor de la China NGO Network for International Exchanges (CNIE), organizadora del evento y red china de organizaciones sociales dedicada desde 2005 a la cooperación y los intercambios internacionales. Su presencia en el encuentro expresa la importancia de fortalecer los puentes entre China, América Latina, Europa y las sociedades civiles del Sur Global.

Asia-Pacífico: mucho más que un espacio económico

La conferencia se celebró en el contexto del “Año de China” de APEC 2026, cuyo lema oficial es “Construir una comunidad Asia-Pacífico para prosperar juntos”, articulado alrededor de tres prioridades: apertura, innovación y cooperación. Las 21 economías de APEC reúnen alrededor de 3.000 millones de personas y representan cerca del 59,4 % del producto interno bruto mundial, lo que convierte a la región en uno de los centros decisivos de la economía y la política internacionales. APEC China 2026

Pero reducir Asia-Pacífico a sus mercados, corredores comerciales o indicadores macroeconómicos sería ignorar a quienes producen realmente su riqueza: trabajadores, campesinos, pescadores, comunidades insulares, juventudes, mujeres, pueblos originarios, pequeñas empresas y organizaciones sociales.

Precisamente por ello, una de las ideas más contundentes de la apertura fue que Asia-Pacífico no necesita una competencia por la hegemonía. Las intervenciones coincidieron en rechazar las guerras frías, las guerras comerciales y las estrategias de suma cero. La historia demuestra que cuando la cooperación es reemplazada por el bloqueo, el cerco y la confrontación, los primeros sacrificados no son quienes diseñan las estrategias geopolíticas, sino los pueblos.

Esta advertencia resulta especialmente pertinente. La Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico reconoce que, aunque las economías regionales continúan creciendo por encima del promedio mundial, los conflictos geopolíticos, el proteccionismo y la distribución desigual de los beneficios del desarrollo amenazan con golpear con mayor dureza a los grupos vulnerables. CESPAP, Estudio económico y social de Asia-Pacífico 2026

Asia-Pacífico se encuentra, por tanto, ante una disyuntiva histórica: aceptar que su futuro sea definido por políticas de contención, alianzas militares, restricciones tecnológicas y fragmentación de las cadenas productivas, o construir una arquitectura regional basada en la igualdad soberana, la complementariedad económica y la solución pacífica de las controversias.

© AIDHDES. Ministro del departamento internacional del Comité Central del CPC.

La sociedad civil no puede ser una figura decorativa

Uno de los principales aportes de la conferencia fue situar a la sociedad civil como sujeto de la cooperación internacional y no como simple acompañante ceremonial de los Estados.

Desde Tailandia se defendió una participación política capaz de incorporar a todos los sectores sociales y convertir las demandas populares en políticas públicas. Desde Vanuatu, pequeño Estado insular particularmente expuesto a la crisis climática, se recordó que ninguna nación —por grande o pequeña que sea— debe quedar relegada y que las juventudes no pueden ser consideradas únicamente beneficiarias del desarrollo, sino protagonistas de su construcción.

Esta concepción coincide con un principio esencial de los derechos humanos: la participación debe ser activa, libre y significativa. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sostiene que la participación de la sociedad civil mejora la calidad de las decisiones públicas y constituye una condición necesaria para que la paz y el desarrollo sean sostenibles. OACNUDH: protección del espacio cívico

Sin embargo, AIDHDES considera que esa participación solo será transformadora si conserva autonomía, capacidad crítica y arraigo popular. La sociedad civil no puede limitarse a legitimar decisiones previamente adoptadas, administrar las consecuencias sociales de políticas injustas o sustituir las obligaciones de los Estados, por lo cual, debe unirse a un programa de descolonización de los Derechos Humanos tal como lo ha postulado AIDHDES en diversos espacios del mundo de la cooperación internacional en diversas conferencias realizadas en Europa, América Latina y Asia.

© CICR. El Comité Internacional de la Cruz Roja intercambia con organizaciones no gubernamentales chinas

Tampoco debe reproducirse un modelo internacional en el cual determinadas organizaciones son escuchadas únicamente cuando sus posiciones coinciden con los intereses de los centros de poder, mientras otras son estigmatizadas por cuestionar las sanciones y ser víctimas de ellas, la militarización, el colonialismo, el dominio corporativo o la instrumentalización selectiva de los derechos humanos.

Una sociedad civil auténtica debe poder dialogar con los Estados, pero también interpelarlos; participar en la cooperación, pero también evaluar sus consecuencias; construir consensos, pero sin renunciar al derecho a disentir.

El desarrollo como derecho y no como privilegio

La apertura no se quedó exclusivamente en formulaciones diplomáticas. Varias experiencias mostraron cómo la cooperación puede modificar concretamente la vida de las comunidades.

El proyecto Digital Village, presentado por un emprendedor de Malasia tras una experiencia de formación en China, permitió enfrentar simultáneamente la falta de electricidad, conectividad y medios de pago digital en zonas rurales. Mediante energía solar, infraestructura comunitaria y comercio electrónico, aproximadamente 150.000 habitantes pudieron comercializar productos agrícolas y artesanales a través de internet.

También se presentaron iniciativas de atención médica marítima, cirugías gratuitas de cataratas y formación de profesionales locales en Camboya, así como proyectos de capacitación técnica, cooperación juvenil y respuesta ante desastres. Al cierre de la apertura se anunció un plan para desarrollar, durante los próximos dos años, 55 proyectos y 20 actividades complementarias en ámbitos como salud, cultura, juventud, deporte, formación y cooperación económica.

Estas experiencias son relevantes porque muestran que la tecnología adquiere sentido social cuando llega al campo, al centro de salud, a la escuela y a la comunidad. Digitalizar no puede significar únicamente ampliar mercados, recopilar datos o incrementar ganancias privadas. Debe significar democratizar el conocimiento, reducir las desigualdades territoriales y garantizar que las poblaciones puedan controlar y aprovechar las herramientas que transforman sus vidas.

En ese sentido, la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Desarrollo reconoce que toda persona y todos los pueblos tienen derecho a participar en el desarrollo, contribuir a él y disfrutar de sus beneficios. Por consiguiente, el crecimiento económico solo puede considerarse auténtico desarrollo cuando mejora las condiciones materiales de vida, distribuye justamente la riqueza y respeta la soberanía de los pueblos sobre sus recursos y decisiones.

La cooperación deberá ser evaluada, entonces, no solamente por la cantidad de inversiones o infraestructuras construidas, sino por preguntas mucho más humanas: ¿cuántas personas accedieron a la salud y la educación?, ¿cuántos empleos dignos fueron creados?, ¿quién controla la tecnología?, ¿cómo se distribuyen sus beneficios?, ¿qué impactos recaen sobre las comunidades y la naturaleza?

Sin derechos laborales, la integración económica puede convertirse en explotación. Sin control democrático, la digitalización puede derivar en vigilancia y concentración corporativa. Sin justicia social, la transición ecológica puede reproducir nuevas formas de extractivismo.

Paz, multilateralismo y coherencia internacional

La conferencia tampoco estuvo desconectada de las tragedias que atraviesan al mundo. Una de las intervenciones advirtió sobre Ucrania, Gaza, Sudán, Irán, la inseguridad alimentaria y el debilitamiento de los compromisos climáticos. También señaló cómo el ascenso de fuerzas de extrema derecha y las políticas de confrontación amenazan la Agenda 2030, el Acuerdo de París y la propia Carta de las Naciones Unidas.

La destrucción de Gaza —objeto de un procedimiento todavía sin sentencia definitiva ante la Corte Internacional de Justicia bajo la Convención contra el Genocidio— muestra hasta qué punto el multilateralismo pierde legitimidad cuando el derecho internacional se aplica selectivamente. Corte Internacional de Justicia: Sudáfrica c. Israel

No puede defenderse la soberanía en unos territorios y negarla en otros. No puede invocarse la protección de los civiles según la identidad del responsable o la posición geopolítica de la víctima. Tampoco puede hablarse de desarrollo sostenible mientras aumentan los presupuestos militares, se bloquean rutas comerciales, se destruyen infraestructuras civiles o se somete a pueblos enteros a medidas coercitivas que afectan su alimentación, su salud y su derecho a vivir con dignidad.

La paz no es solamente la ausencia de combates. Es la condición indispensable para ejercer todos los demás derechos. Sin paz no hay hospitales, escuelas, vivienda, seguridad alimentaria ni desarrollo. Y sin justicia, soberanía e igualdad entre los Estados, la paz se convierte en una tregua administrada por los más poderosos.

Una multipolaridad construida desde abajo

La conferencia celebrada en Jinan revela que el proceso de transformación del orden internacional no se desarrolla únicamente en cumbres presidenciales o negociaciones comerciales. También avanza mediante universidades, organizaciones sociales, comunidades rurales, asociaciones juveniles, redes médicas y proyectos de cooperación.

El surgimiento de un mundo multipolar no debería significar simplemente el traslado del poder de un centro hegemónico hacia otro. Su verdadero sentido debe ser la democratización de las relaciones internacionales: más voz para los pueblos, mayor capacidad de decisión para los países del Sur Global y menos subordinación a estructuras financieras, militares o corporativas externas.

La propuesta de construir una comunidad de futuro compartido puede contribuir a esa transformación si se traduce en igualdad soberana, beneficios recíprocos, transferencia de conocimientos, respeto a las realidades nacionales y participación efectiva de las comunidades. Su credibilidad dependerá de que los resultados lleguen a quienes han permanecido históricamente en las periferias del desarrollo.

Para AIDHDES, la cooperación entre China, Asia-Pacífico, América Latina y otras regiones del Sur Global ofrece la posibilidad de construir un multilateralismo menos jerárquico y más representativo. Pero esa posibilidad debe sostenerse sobre compromisos verificables con los derechos humanos, la justicia climática, el trabajo digno, la soberanía y la distribución equitativa de la riqueza.

Del encuentro a la acción

La Conferencia de la Sociedad Civil de Asia-Pacífico deja una conclusión fundamental: los pueblos no pueden ser convidados de piedra en la construcción del nuevo orden mundial.

La presencia de AIDHDES, invitada por CNIE, contribuye a tender un puente entre las experiencias sociales de Asia-Pacífico y los espacios internacionales de derechos humanos en Ginebra. También reafirma la necesidad de que las organizaciones del Sur Global establezcan vínculos directos, compartan conocimientos y formulen propuestas propias, sin depender exclusivamente de instituciones que durante décadas han definido desde el Norte las prioridades, los lenguajes y hasta los límites de la cooperación internacional.

Ahora corresponde convertir las declaraciones de Jinan en resultados concretos. Los 55 proyectos anunciados deberán ser participativos, transparentes, sostenibles y evaluados por su impacto real sobre las comunidades. La sociedad civil deberá intervenir no solo en su ejecución, sino también en su diseño, seguimiento y rendición de cuentas.

El futuro de Asia-Pacífico no puede pertenecer exclusivamente a los mercados, a las grandes potencias ni a los mandos militares. Debe pertenecer a sus pueblos.

Porque el océano Pacífico no tiene por qué convertirse en una trinchera entre bloques. Puede ser un puente entre civilizaciones, una ruta de solidaridad y el espacio donde una parte decisiva de la humanidad demuestre que cooperar no es un gesto de debilidad, sino la forma más inteligente y humana de construir el porvenir.

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